Teatro

Pía Laborde-Noguez interpreta Una niña es una cosa a medio formar

Por: Enrique R. Mirabal — 14 de agosto, 2019

Pia Laborde Noguez interpreta Una nina es una cosa a medio forma. Museo Rufino Tamayo, agosto 2019. Foto Cristina Kahlo. Una niña es una cosa a medio formar es la primera novela de la irlandesa Eimear McBride (n. 1976), publicada en 2013. Premiada y controvertida, pero de inmediato impacto, tanto en el ámbito académico como entre los jóvenes y no tan jóvenes lectores que incorporaron la novela a manera de estandarte de su generación.

Más allá de su compleja estructura, esta lectura tiene una temática de difícil asimilación y el uso transgresor de la lengua inglesa, quizás un atractivo especial por romper con la rutina de la narrativa al uso; sin embargo, sería interesante corroborar cuántos lectores han identificado a la ilustre novela que la precede con casi un siglo (en 1922, su centenario): Ulises, del también irlandés James Joyce (1882-1941).

En Ulises, Joyce desarrolló el monólogo interior y el fluir de la conciencia, dotó de un ritmo casi cinematográfico a la estructura narrativa y usó un vocabulario sin tapujos para describir funciones inherentes a la anatomía y la fisiología humanas. McBride se apropia, con absoluta firmeza, de las iniciativas de su antecesor y las enriquece con los giros propios de los jóvenes de hoy, en especial, de los más vulnerables. Una puesta al día de los postulados de Joyce con el agregado de un regusto ácido, amargo.

Pia Laborde Noguez interpreta Una nina es una cosa a medio forma. Museo Rufino Tamayo, agosto 2019. Foto Daniel Laborde En 2014, Annie Ryan adapta el texto de McBride para conformar un monólogo de 85 minutos en el que concentra, por razones obvias, los momentos de mayor eficacia dramática de la novela.

La obra conserva el título original, A Girl is a Half-formed Thing, traducido literalmente al castellano como Una niña es una cosa a medio formar del que se desprende la esencia del monólogo: el menosprecio por las niñas (y todas las mujeres), el abuso infantil, el no existir para quienes las rodean en familias que repiten un modelo atávico con resonancias religiosas en la Irlanda profunda que nos ocupa, tan parecida a muchos de nuestros países latinos, del Oriente, África, etc.

Tras el éxito de Una niña… en Gran Bretaña y en Estados Unidos, un equipo de entusiastas y muy bien formados jóvenes, liderados por Pía Laborde-Noguez, traduce y adapta el texto al castellano de México. Uniendo esfuerzos, han llevado a escena la obra que, dirigida por el argentino Juan Miranda, se representa en el Museo Tamayo de la Ciudad de México. Los integrantes-cómplices del grupo han arremetido con entusiasmo y profesionalismo, atendiendo hasta el mínimo detalle todo lo que conlleva representar un material tan complejo y nada complaciente.

Pia Laborde Noguez interpreta Una nina es una cosa a medio forma. Museo Rufino Tamayo, agosto 2019. Foto Cristina Kahlo. En un escenario diseñado con tino y funcionalidad por la cineasta Manuela de Laborde, con mínimos elementos que delimitan el espacio y apoyan la proyección dramática, se desplaza la Niña (no se da nombre al personaje ni se define la edad porque es Ella en varios momentos de su corta vida y representa a millones más).

No hay ningún distractor visual que nos desvíe de nuestro objetivo. Tampoco hay ornamentos musicales, sólo esporádicos sonidos que, por segundos, complementan el discurso, sin apartarnos. Este espacio sonoro creado por Camila Fuchs, una dupla integrada por los compositores Camila de Laborde y Daniel Hermann-Collini, cobra sentido también en los silencios. La iluminación de Elisabet Castells aporta relieves con claroscuros que guían los pasos de la intérprete.

Pía Laborde-Noguez, egresada de la Royal Academy of Dramatic Arts (RADA) en Londres, construye su personaje con absoluto conocimiento de causa, lo ha estudiado, asimilado y lo exhibe con todo el arsenal de recursos que su vocación y su formación académica le aportan: representar las diferentes edades por las que transcurre la vida de su personaje, agredida por su propio tío, venida a menos como mujer, juzgada por el rasero del puritanismo religioso y con la pérdida de un hermano a cuestas.

Pia Laborde Noguez interpreta Una nina es una cosa a medio forma. Museo Rufino Tamayo, agosto 2019. Foto Daniel Laborde Con impecable dicción y una proyección de la voz que alcanza hasta la última fila, Pía modula, matiza, crea tonalidades para cada inflexión vocal, embona su discurso con la gestualidad que lo apoya, sin estridencias y sin adornos. Una mesura que caracteriza muy bien a la escuela inglesa y la contrapone con los excesos muy al uso por estos lares.

Por si fuera poco, Pía atrapa la mirada del espectador desde que sale a escena y conserva su atención hasta el final por su presencia, voz y gestualidad. Una artista orgánica, con una fuerza y una ductilidad que le permite transitar de un estado de ánimo a otro con una coherente naturalidad a pesar de la autodestrucción que caracteriza a su personaje.

Del texto original de la novela, la adaptación teatral de Annie Ryan conserva la omisión de sílabas, el uso atropellado del lenguaje con interjecciones y frases cortadas, tal y como pensamos, soñamos o sentimos. No se siguen ni la lógica ni los cánones gramaticales. No hay otra manera de apropiarse del personaje de Niña, una mujer fragmentada, rota y a la deriva. Arduo trabajo para la intérprete que sortea sus parlamentos con frases entrecortadas y un ritmo agotador que, lejos de desorientar al público, se entrega y sigue cada paso, cada palabra de la intérprete, impronta que define esta puesta en escena.

Pia Laborde Noguez interpreta Una nina es una cosa a medio forma. Museo Rufino Tamayo, agosto 2019. Foto Daniel Laborde Pía Laborde-Noguez se ha establecido en Londres, pero aspira, a partir de esta breve temporada de la obra de McBride, trabajar en México, aportar su experiencia a la dramaturgia de su país natal.

Su tour de force en Una Niña es una cosa a medio formar es un anticipo de todo lo que puede crear en los escenarios. Su presencia es una bocanada de aire fresco (frase hecha que aquí cobra sentido), un reto para la dramaturgia mexicana que, a ratos, muestra síntomas de cansancio y repetición.

Este proyecto se ha realizado gracias a la complicidad de los coproductores Dolores (Reino Unido), Magnífico Entertainment (México) y Chroma Teatre (España), con el firme objetivo de fortalecer la colaboración entre artistas de diferentes disciplinas utilizando como vehículo común las artes vivas.

Una niña es una cosa a medio forma, se presenta Museo Rufino Tamayo: sábados 17 y 24, domingos 18 y 25 de agosto a las 18.30 horas. Y en marzo de 2020, se estrenará en Europa en el Teatro Cervantes de Londres y en la Sala Beckett de Barcelona. Fotos: Cristina Kahlo y Daniel Laborde.

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