Por: Enrique R. Mirabal — 1 de noviembre, 2013
Favorita en las presentaciones de fin de año, La bohème (La bohemia) regresa, sin un paréntesis muy prolongado, al Teatro de Bellas Artes. Un tÃtulo que para muchos es sinónimo de lo mejor de Giacomo Puccini (1858-1924), a pesar de que la razón de ser de todas sus obras conocidas son para glorificar este género.
Los motivos: repite hasta cierto punto, una anécdota similar, la inexorable muerte de la protagonista por los estragos de la tuberculosis que, en décadas anteriores, glorificara Verdi con La traviata y, para redondear los atributos, los dos primeros actos, de los cuatro en que se divide la ópera, transcurren en ParÃs, en vÃsperas de la Navidad.
Para el tercer acto, paisaje invernal con nieve obligatoria y para el último, un clásico cuadro de amigos y el amante alrededor de la criatura moribunda, digno de cualquier museo del mundo.
Lo principal, la enjundia que le imprimió Puccini a su orquestación para que resultara dramática en grado sumo, con acentos que se acercan al impresionismo que habÃa escuchado de los franceses pero reelaborado a su italiana manera. Lo más memorable además del argumento, las ricas e inspiradas melodÃas, sobre todo, las de los dos primeros actos. Arias, dúos y concertantes muy vÃvidos, desde el encuentro entre Rodolfo y Mimà con gélidas manitas de por medio hasta el vals de Musetta en medio de los festejos de Nochebuena.
La historia del Palacio de Bellas Artes registra elencos variados en el que se conjuntaron talentos nacionales y del extranjero. No todas las veces eran los idóneos pero sà es innegable que el nivel era el adecuado. En los últimos tiempos, los desiguales repartos siguieron marcando la cartelera. Es difÃcil reunir, por muchos motivos –pero sobre todo, por lo económico–, a las grandes voces del momento.
Por lo pronto, en esta reposición de La bohème, podremos escuchar a un elenco esencialmente mexicano encabezado por la soprano MarÃa Alejandres como MimÃ, papel que alternará con Violeta Dávalos. La Alejandres ha sido y seguirá siendo invitada por compañÃas de prestigio para cantar roles bel cantistas y, al parecer, también ha comenzado con los veristas, como esta MimÃ, que la soprano realiza por prinera vez. “Mimà es un rol que yo siempre he sentido muy natural en miÌ, incluso es muy orgaÌnico en mi voz, y se acerca a mi psicologiÌa, tambieÌnâ€, MarÃa Alejandres.
También participan los tenores Héctor Sandoval y Xavier Cortes en el papel de Rodolfo; Guido Loconsolo y Luis Ledesma interpretando a Marcello; como Musetta comparten el papel Leticia de Altamirano y Marcela Chacón; Rosendo Flores y Alejandro López daran voz al personaje de Colline. El marco coral será de la Schola Cantorum de MeÌxico, dirigida por Alfredo Mendoza, y el Coro y Orquesta del Teatro de Bellas Artes.
La dirección orquestal será del maestro Srba Dinic y la escénica de Luis Miguel Lombana. Se ha recurrido a la escenografÃa de Nicola Benois aunque la CompañÃa Nacional de Ópera cuenta (o contaba) con unos estupendos diseños del maestro David Antón, escenografÃa que quizás se destruyó, en parte, en el terrorÃfico incendio de algunas bodegas del Instituto.
A propósito de Benois, baste recordar su exitosa carrera en teatros europeos y, principalmente, en la Scala de Milán asà como los diseños de joyas que brillaron en la testa de la Callas para mayor fortuna del creador.
Coincidencia o no, recién hemos visto el paso del Ballet del Teatro Mariinsky por estas tierras.
En uno de los programas, el dedicado a Les ballets russes, pudimos imaginarnos cómo fue el perÃodo de esplendor de esta compañÃa fundada y propulsada por Serge Diaghilev con quien colaboró Alexandre Benois, padre de Nicola o Nikolai.
Los decorados presentados por el Mariinsky han sufrido alteraciones y no para mejorar, pero conservan el espÃritu de la época y podrÃan incentivar a las nuevas generaciones de minimalistas escenógrafos y artistas del rumbo.
La ópera La bohème de Giacomo Puccini realizará una breve temporada los diÌas 5, 7 y 14 de noviembre, asiÌ como los domingos 3, 10 y 17 en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.
“Puccini fue el representante maÌs grande de lo que en oÌpera se llamoÌ verismo, donde las emociones son reales y los protagonistas representan a personas normales y corrientes, por lo que inmediatamente nos identificamos con ellos. Al igual que todo el elenco, todos hemos sufrido con el amor roto y padecido la salud quebrantada de la protagonista, y los sentimientos de todo el elenco, de ahiÌ que sea una oÌpera que invita a todo el puÌblico, conocedor o no, a disfrutarla”, RamoÌn Vargas.
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