Por: Oswaldo Valdovinos — 1 de agosto, 2007
Adictos anónimos o ¿De cuál fuma usted?, historia de Luis Mario Moncada en La Capilla
Cada época tiene sus propios vicios. Los hay clandestinos, penalizados, permitidos, encubiertos de tradiciones, de buen gusto; incluso hay aquellos que son exaltados como virtudes o necesidades insoslayables en la vida. Aunque, por supuesto, todo depende del cristal con que se mire, pues es de sobra conocido que lo que en un lado es reprobado socialmente, en otro tiene tintes casi religiosos.
No obstante cada vicio tiene su séquito que, con una fidelidad rayana en el fanatismo, se encarga de que perdure y trascienda –cuando lo hace– más allá de ellos mismos, al grado de crear verdaderas monstruosidades arraigadas en la sociedad urbana, sobre todo, que difÃcilmente podrán ser extirpadas.
Éste parece ser el tema central de la puesta en escena Adictos anónimos o ¿De cuál fuma usted?, de Luis Mario Moncada y dirigida por Karla Cantú, que la compañÃa Teatro de los Sótanos presenta en el Teatro La Capilla.
Planteada a partir de una “estética pop que refleja la cultura de masas y del consumismoâ€, representada por el manejo de colores contrastantes en la multimedia (a la manera de Andy Warohl), un vestuario y un mobiliario un tanto ochenteros, y un manejo escenográfico donde confluyen diversos espacios y tiempos (que por momentos remite a un local de cualquier agrupación que implique la palabra Anónimos), la obra plantea una exposición de una serie de personajes con diversas adicciones: una teleadicta que trabaja como analista de telenovelas; un fumador que pugna por sus derechos individuales de fumador; una farmacodependiente, también adicta a las relaciones destructivas; un alcohólico casado con una cafeinómana que encarnan el matrimonio conflictivo tÃpico de clase media; una fisicoculturista obsesionada con el ejercicio y, una fanática religiosa que trabaja en una institución altruista, además, por supuesto, de un orador que representará la voz crÃtica de la sociedad al cuestionar el sistema de justicia respecto a la penalización de actividades ilÃcitas como el narcotráfico en contraposición con la venta de bebidas alcohólicas o cigarrillos.
No obstante, a pesar de los elementos dados (o quizás por ellos mismos), la obra se torna un tanto predecible y responde más a una construcción de estereotipos (planteados de por sà por el texto y reafirmados en ciertos actitudes de los personajes) que a una exposición de conflictos que, dicho sea de paso, pasan desapercibidos o en realidad son inexistentes. Por ejemplo, se argumenta el por qué de la adicción del Fumador, de la Teleadicta, del Acohólico, de la Cafeinómana, pero no de los personajes restantes, por lo que en realidad da lo mismo que tengan cualquier otra adicción a que no tengan ninguna.
Cabe mencionar que si bien hay momentos bien logrados escénicamente, el tránsito errático y apresurado de todos los personajes en una de las escenas que remiten a la ansiedad y el ensimismamiento, hay otros en los que el mismo recurso está fuera de contexto por su gratuidad y poco aporte a la trama en sÃ.
Aunque quizás el mayor problema sea que la obra escrita por Luis Mario Moncada responda más que a una cuestión escénica, a “un discurso acerca de la despenalización de las drogasâ€, que si bien es un tema relevante en la actualidad, se diluye en una serie de exposiciones anecdóticas que culminan con la intervención del Orador, quien en su discurso “disecciona una a una las razones de la prohibición y cuestiona directamente la conciencia del espectadorâ€, a través de una intervención que remite más al comportamiento de un conferencista (aunque no lo sea) tipo Mariano Osorio (muy bien paroriado, dicho sea de paso), que a un activista.
Bajo la dirección de Karla Cantú, las actuaciones de Edzna GarcÃa Solano, Fidel Monroy, Claudia Trejo, Felipe Cervera, Elisa Mass, Issel Morán, entre otros, Adictos anónimos o ¿De cuál fuma usted? se presentará hasta el 23 de septiembre los domingos a las 18 horas en el Teatro La Capilla (Madrid 13, Coyoacán).
Lo más rescatable es que, a decir de Lizeth Rondero MartÃnez, “aunque se implica dicha reflexión (la despenalización de las drogas), hemos querido centrarnos en lo que serÃa el vacÃo emocional de los personajes, es decir, nuestra lectura del texto es que las personas adquieren un vicio, sea cual fuere éste, por el gran vacÃo que hay en la vida… Nuestra reflexión es cuestionar de donde viene esa necesidad de llenar algo.”
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