
Por: Susana Fernández — 2 de abril, 2007
Entrevista con Luis Mario Moncada
Ahora que inician las tradicionales vacaciones de Semana Santa, particularmente una temporada árida en cuanto a la oferta cultural en nuestra ciudad, la cartelera teatral disminuye notablemente las opciones de divertimento –sin contar las opciones comerciales que capitalizan inteligentemente estos dÃas de asueto con promociones y horarios especiales-, sin embargo, existe un recinto que invariablemente tiene algo que ofrecer para atraer al público, tanto local como turista, nos referimos al Centro Cultural Helénico, dirigido por Luis Mario Moncada.
Director de teatro de formación y desde 2001, gestor cultural de este foro -que tan sólo el año pasado presentó cerca de 70 producciones teatrales, tanto nacionales como extranjeras-, el maestro Moncada charló con Interescena sobre el esfuerzo que conlleva dirigir este espacio teatral.
¿Cómo se define la lÃnea de trabajo del Helénico?
Lo que nosotros hicimos en el 2001, fue primero hacer un diagnóstico de ¿cuáles son las instituciones teatrales?, ¿cómo trabajan?, ¿cuáles son las particularidades que tienen?, ¿qué podemos hacer que nos haga distintos o que nos fortalezca en relación a los demás?
Determinamos que al mismo tiempo que tenÃamos debilidades en cuanto a las otras instituciones, no tenÃamos los compromisos que tenÃan éstas. Nosotros podÃamos jugar de una manera mucho más flexible con el teatro que querÃamos ofrecer.
Primero, nos interesaba que fuera teatro contemporáneo, promoción de la dramaturgia, en primera instancia nacional pero en general dramaturgia universal y aquellas propuestas lúdicas que le dieran nuevas posibilidades al teatro, pero siempre pensando en la perspectiva del público.
Pensamos en el público como el interlocutor fundamental de lo que hacemos. No entendemos la experimentación nada más como la necesidad del artista de buscar nuevos lenguajes, si el público no está integrado a esta búsqueda. Siempre tratando que la radicalidad de la experimentación no le diera la espalda al público, sino que lo incorporara, que fuera verdaderamente generoso con éste.
Por otro lado, lo que sustenta el proyecto de esta institución es concebir un centro cultural como un espacio vivo. Donde tienes que estar ahÃ, tienes que dar la cara al público, tienes que ver qué está funcionando y que cosas no. El Helénico es un espacio de programación, donde recibimos muchas propuestas y las vamos acomodando a partir de un perfil determinado.
¿Cómo se logran los proyectos internacionales?
El asunto es ir ligando, hacer que la gente se comunique y que se puedan encontrar las voluntades. Nunca hemos tenido el propósito de decir: Vamos a hacer un festival internacional y me voy a buscar los grupos, sino que son muchas coyunturas.
Uno tiene que estar como pepenando aquà y allá. Si hay un grupo que va a venir, por ejemplo, a un festival a Monterrey, le proponemos: quédate unos dÃas más y nosotros pagamos la estancia y las funciones. Otra forma son los vÃnculos que ya se han realizado, hay algunas instituciones en el exterior que tienen toda la disposición y les interesa presentarse en el Helénico. AsÃ, es relativamente fácil lograr los ciclos.
En tu experiencia como docente, director y a partir de tu experiencia por el contacto con los jóvenes dramaturgos ¿Qué significa para ti la convicción de hacer teatro?
Realmente una necedad (rÃe). Hablando en serio, nos ha tocado una coyuntura muy difÃcil. Por varias circunstancias. Primero porque a mi generación -quizá todavÃa un par de generaciones antes- nos tocó una disciplina que viene como a la baja en cuanto a lo que significó en algún tiempo.
El último esplendor que vivió el teatro como fenómeno social en México fue con el teatro universitario de los 60. Desde entonces, no es que no haya buen teatro, por supuesto, hay de todo, pero el teatro ha dejado de ser un producto de consumo vital para la sociedad. En este sentido, nos ha tocado un momento muy difÃcil, que además ya no va a variar, a menos que logremos hacer del teatro verdaderamente un producto -por llamarle asÃ- que además ligue otro tipo de intereses como el turismo o la promoción cultural de nuestra ciudad. El teatro en si mismo no está resultando una actividad rentable.
Por otro lado, nos tocó otra coyuntura, la del Estado que empieza –desde fines de los 80– a modificar los esquemas de subvención y apoyo a las artes escénicas. Aun cuando actualmente han aumentado los montos de apoyo a través del FONCA y Conaculta, se ha establecido un régimen que no termina de funcionar al cien por ciento.
Porque antes existÃa el Estado protector que, a través del INBA, elegÃa un grupo que de pronto le parecÃa interesante y lo impulsaba al cien por ciento. Hoy en dÃa, las instituciones culturales todas te dicen que te apoyan, pero cada una te aporta un poco, entonces uno tiene que ir buscando, tocar muchas puertas para sacar adelante un proyecto.
Las condiciones están para que la actividad no funcione. A pesar de todo esto, existe otra gran paradoja, hay una comunidad, creciente. Hoy en dÃa hay 15 licenciaturas en el paÃs, a veces en lugares donde no hay teatro profesional o lugares donde hay dos teatros en toda la ciudad.
A pesar de eso, no podrÃa ser pesimista, el teatro es una disciplina que me formó y no pienso dejarlo. El teatro es un cÃrculo vicioso que uno puede desarrollar durante algún tiempo, pero que si pasan 20 años y uno sigue en el mismo ciclo de volver a comenzar cada vez, hay un momento en que la curva ascendente se empieza a venir para abajo, y cada vez es más difÃcil y menos satisfactorio. De pronto uno piensa -y lo digo sinceramente-, hacer todo un proceso, para dar 30 funciones.
La realidad te topa con la pared… a lo mejor el teatro sigue siendo una alternativa restringida para un periodo de tu vida. Para jóvenes entusiastas. Ese es el fenómeno que se está viviendo, cada vez son menos los artistas que después de los 45 años siguen desempeñándose cien por ciento dentro del teatro.
Finalmente como crÃtico de un entorno que conoce y sabe cómo funciona, Luis Mario Moncada, hace una reflexión, muy particular, sobre la transformación, no muy lejana, del teatro.
El teatro es el espacio de encuentro de personas y, como tal, debemos dejar de asociar a la obra en sà como un producto y pensar más en este género como la preservación de lo humano, donde todavÃa es posible mirarnos a los ojos y ver qué es lo que el otro está tratando de transmitirme.
Es quizá llegar a un reduccionismo y no necesariamente confinarlo a una realidad cada vez más marginal. Pero creo que si el teatro va a sobrevivir es asÃ: en los márgenes. Hasta que llegue el momento que vuelva otra vez a germinar o la civilización abandone esta tendencia globalizadora y busque nuevamente las pequeñas islas, las comunidades para volver a reencontrarse.
Mientras más pronto entendamos esto, más comprenderemos el teatro como un evento ritual.
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