David Portilla deja un gran legado artístico y una descendencia también de gran calidad en la ópera

Por: Colaborador Invitado — 1 de febrero, 2006

Pocos han sido aquellos que se puede decir: alcanzan a realizarce plenamente en su profesión, el tenor David Portilla, fue uno de estos afortunados que llegaron a desarrollar su sueño: trabajar en lo que les complacía. El tenor mexicano, acaecido el pasado 10 de enero, fue uno de esos seres que se congratularón en la vida con su profesión, el bell canto o arte operístico llevo a Portilla en su vida a interpretar los roles principales de obras como como Turandot, Il Trovatore, I Pagliacci, Andrea Chénier, Manon Lescaut y Tosca, cuyas interpretaciones desde muy joven quiso llegar a cantar. David Portilla fue un destacado tenor de la ópera mexicana con una gran actividad durante las décadas de los años 60, 70 y 80 del siglo XX.

Originario de Gómez Palacio, Durango, David Portilla nació el 10 de septiembre de 1933. En la búsqueda de desarrollar su amplio talento y potencialidad dentro del bel canto, inició su formación como cantante en la Academia de Opera de Bellas Artes de México y posteriormente en la Juilliard School de Nueva York.

Portilla tuvo la fortuna de haber sido discípulo de Guiddo Picco, Umberto Mugnni, Salvador Ochoa, Armando Montiel Olvera, Charles Laila, Carmen Ruiz Esparza, Tito Capobianco, Tauriello, Massiello Toriggi y Leonard Bernstein.

A los 27 años de edad hizo su debut en el Teatro del Palacio de Bellas Artes con la ópera L’amico Fritz, de Mascagni, al lado de destacadas figuras de la época. A partir de ese momento, su calidad y excelencia vocal lo llevaron a participar en las más importantes producciones de ópera mexicana.

En especial se recuerdan sus participaciones en la segunda inauguración del Teatro Degollado con la Novena sinfonía, de Beethoven, así como para las jornadas culturales de las Olimpiadas de México en 1968 y en la apertura de la nueva Basílica de Guadalupe con la obra L’ascenzione, de Bertolucci.

Durante su amplia trayectoria fue distinguido con las becas Morales Estévez y American Opera Center. En 1970 tuvo a su cargo el estreno en México de la ópera Elektra, de Strauss, en el Teatro del Palacio de Bellas Artes.

José Octavio Sosa, subdirector de la Compañía Nacional de Opera del INBA y gran conocedor de la trayectoria de David Portilla, considera que el cantante deja un gran vacío en la ópera nacional, pero afortunadamente deja un gran legado artístico y una descendencia también de gran calidad en la ópera, en la voz de su hijo el tenor Alfredo Portilla quien se presenta en la primera temporada del 2006 de la Compañía Nacional de Opera, la producción de José Antonio Guzmán Ambrosio o la fábula del mal amor, interpretando el papel principal.

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“Uno no debe permitirse salir al escenario sin estar preparado en cuanto al conocimiento del personaje que se interpreta, si el ballet tiene una historia hay que contarla y vivirla lo mas real posible. Como intérprete, el reto es hacer llegar y entender al público la historia solo con los movimientos del cuerpo”, Raúl Fernández, diciembre 2009.