Por: Enrique R. Mirabal — 1 de febrero, 2006
Repitiendo lo que parece haber sido un gran éxito económico en el 2005, el Ballet Nacional de Rusia está de nueva cuenta en gira por la República Mexicana. Desde el 2 de enero y hasta principios de marzo, la compañÃa que dirige Viacheslav Gordeiev visitará decenas de ciudades en franca competencia con los candidatos presidenciales en cuanto a mayor número de plazas visitadas y de incautos seguidores.
El año pasado se trató de La bella durmiente; en éste, se diversificará la oferta para mayor complacencia del auditorio.
El programa que se verá en el Teatro Metropolitan de México City y que se repite en toda la gira viene cargado de fragmentos de la tradición rusa que siempre atraen por su nombre y solera y otros como Scherezada y Noche de Walpurgis que, al menos en estas latitudes, se ven de cuando en cuando.
Se nos aclara que entre lo solistas, hay ganadores de competencias internacionales y artistas de reconocido prestigio, saco en el que todo cabe y vaya usted a corroborar la exactitud de los datos, en este caso, sà es necesario asistir a estas funciones para constatarlo: Maya Ivanova, Irina Ablitsova, Maxim Fomin, y las promesas del ballet ruso: Ludmila Konovalova y Vladimir Mineev.
Entre los integrantes, un especialista en restauración de ballets tradicionales, labor de arqueologÃa muy necesaria para mantener viva la tradición y evitar los cambios y adulteraciones tan al uso en el ballet clásico: Yuri Burlaka, de quien podemos decir es el curador de la compañÃa. SerÃa interesante que ofreciera una charla o clase magistral al respecto.
En un artÃculo a propósito de la gira anterior, hicimos notar la carencia de condiciones del Metropolitan para presentar ballets clásicos o espectáculos que requirieran de infraestructura adecuada para el género, incluyendo el fondo del escenario, además señalamos la falta de sentido común (por no decir, de respeto ) de parte de empleados del teatro y técnicos que se pasean con toda parsimonia por los pasillos de la sala y obstruyen la visión del espectador que pagó sus boletos para ver un “show de nivel internacionalâ€. Qué decir de permitir la entrada antes del intermedio a los impuntuales y la venta de golosinas como en arena de box. PodrÃamos seguir con el estado lamentable del equipo de sonido, los telones de Ãnfima calidad y otros imputables a la empresa conocida como Ballet Nacional de Rusia.
Apenas comienza el 2006 y nos ponemos optimistas, deseamos que las cosas hayan cambiado para el bien de todos, que la confección de elementos escenográficos estén al nivel de los paÃses en ruta y que los bailarines, factor medular del fenómeno artÃstico, sean, tal y como se nos promete, el de verdaderas estrellas del ballet ruso, herederos de la Pavlova, la Ulanova, la Plisetskaia, Nureyev y el mismÃsimo Gordeiev a quien vimos en la década de los setenta del pasado siglo, cuando formaba pareja en el Bolshoi y en lo afectivo con Nadezhda Pavlova, entonces la gran promesa del baller ruso.
Ojalá podamos ver El Corsario con los brÃos y arrojo necesarios y los fragmentos de Raymonda y El lago de los cisnes con franco y abierto alarde de maestrÃa artÃstica a la rusa. Fotos M.Logvinov
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