Por: Claudia Magun — 8 de septiembre, 2006
Dentro del VIII Festival Internacional Música y Escena se estrena en México la ópera Murmullos del páramo, una visión auditiva por la entrañas de Juan Rulfo a través de la percepción de Julio Estrada.
Un viaje sideral donde el sentido mÃtico-mágico de la raÃces mexicanas se vuelve universal en una puesta multidisciplinaria que conjuga el texto, la música y la danza con un juego de luz y sonido que recrea el mundo imaginado por el escritor nacido en Apulco, Jalisco, en 1917.
En entrevista con el maestro Julio Estrada, compositor y director musical, y Sergio Vela, director escénico de Murmullos del páramo, comentan sobre este intrincado proyecto que lleva en la mente y alma de Estrada más de 20 años y que permitió la colaboración artÃstica de estos cómplices de la escena.
¿Cómo surge el diálogo entre ustedes?
Julio Estrada: Me parece que Sergio es alguien cuyo conocimiento de la ópera y de la escena lo convierten en el gran experto mexicano. Entre nosotros hay un diálogo muy abierto, muy franco y siempre hemos encontrado un punto de reunión para nuestras propuestas individuales.
¿Escénicamente, cómo llegar al maestro Vela?
Julio Estrada: Charlando, charlando, mandándole las 60 versiones nuevas del libreto. Haciéndole conocer la partitura. Además, Sergio es músico, hay un lenguaje común, él puede ver la partitura, entenderla y aproximarse con una mirada muy poética… eso es fundamental.
Entre ambos existen elementos de afinidad, por ejemplo, la concepción del espacio, creo que éste es un elemento muy importante. Lo primero que hizo Sergio fue mostrarme la Sala Nezahualcóyotl, de arriba a abajo, incluso el subterráneo. Debajo del foro para que conociera esos recovecos… Veremos como funciona ahora ya en la realidad, cuando emerjan algunos sonidos de ese inframundo nezahualcoyano.
Con un sentido de regocijo y orgullo por esta colaboración, el director de escena continúa la conversación con Interescena.
Sergio Vela: En primer lugar es un enorme privilegio trabajar una obra teniendo al autor vivo, pero sobre todo si el autor es una persona a la que se quiere y se le respeta tanto, como es el caso de mi relación con Julio Estrada. Me pareció muy seductor que él entrara al terreno operÃstico siendo un compositor radical, pero el lenguaje absolutamente personal que él ha construido no está exento de un sentido estético, expresivo y muy emotivo.
Uno ve una partitura de Estrada y parece una complicación intelectual. Es una cosa muy curiosa, la música de Julio es muy compleja, pero también muy seductora.
Él llegó a hacer esta ópera a través de un profundo estudio sobre el concepto del sonido y el silencio en Rulfo, como un elemento constitutivo esencial de la propuesta estética rulfiana y no está simplemente musicalizando Pedro Páramo, está haciendo su propia versión, su propia lectura, lo cual es un acto creativo no nada más interpretativo.
Estrenada el 12 de mayo de 2006 en Madrid y representada posteriormente en Stuttgart, Alemania, Murmullos del páramo para su presentación en la Sala Nezahualcóyotl (viernes 8 y sábado 9 de septiembre), cuenta con un elenco internacional conformado por la soprano española Fátima Miranda (Doloritas); de Alemania, las sopranos Sarah Maria Sun (Susana San Juan); Suzanne Leinz, (Murmullos de Susana); Verena Schwer (Justina y Damiana); el bajo Andreas Fischer (Pedro Páramo y Bartolomé); el barÃtono argentino Guillermo Anzorena (Miguel); y el tenor Martin Nagy (Damiana, padre RentarÃa, Miguel Páramo y Juan Preciado). Además del intérprete de danza butoh Ko Murobushi y en la parte musical Mike Svoboda (trombón); Stefano Scodanibbio (contrabajo); Ko Ishikawa (shô); Magnus Andersson (guitarra); el ruidista Llorenç Barber; y el propio Julio Estrada en la voz de Abundio.
Sergio Vela: Julio ha sabido conjuntar un equipo de intérpretes realmente entusiasta, que va mucho más allá de la rutina que puede caracterizar un trabajo operÃstico.
La forma como él construye los personajes es dividiéndolos en distintos intérpretes, a veces son un instrumento y a veces son un cantante o un actor.
Hay una ambigüedad inicial que al final es trasladada a la escena con una puesta que no pretende decirle al espectador “este es el inframundo, asà hablan los muertos…â€, más bien sugiere que éste sea uno de nuestros sueños y que sea el espectador el que termine su propia interpretación.
¿Cuáles son los elementos escénicos más caracterÃsticos de esta puesta?
Sergio Vela: Desde el principio supimos que es lo que no querÃamos hacer. No querÃamos una visión folclorista, costumbrista, pintoresca, “the mexican curiousâ€.
De lo que se trataba aquà era de subrayar la intemporalidad del tema. Rulfo finalmente plantea, con una visión y un lenguaje propio de nuestra cultura, preguntas que todos los seres humanos se cuestionan. Desde que el hombre tiene conciencia de su existencia se pregunta “qué hay más allá del transcurso vital†e imagina otra vida, imagina la muerte.
Rulfo la imagina de una manera, Estrada de otra y, pues yo de otra, entonces lo que hicimos fue un espacie de espacio ritual versátil.
Yo he querido que haya un reflejo hipnótico de la puesta en escena para el espectador porque finalmente la forma como escribe Julio es más atmosférica que precisa, es más persuasiva que contundente, crea un especie de estado, de trance hipnótico en el escucha y en el espectador.
Sobre el reto musical que implica el puente entre el texto y la partitura, el compositor reflexionó:
Julio Estrada: La ópera ha sido siempre un arte que intenta conjugar la música con la literatura, con las artes visuales, con la danza.
Yo entiendo esta noción de ópera como un sitio de sÃntesis, de fusión extrema de todos sus componentes.
En Murmullos del páramo intenté no adherirme a un ningún lenguaje musical, he luchado siempre por ejercer esa autonomÃa de la creación. Yo no entiendo la música más que como una conversión a la realidad de las percepciones auditivas de lo imaginario. Y eso es algo tan privado que no deberÃa ser parte de una corriente.
En Pedro Páramo no sabemos sà lo que estamos leyendo pertenece a la realidad o es ficción, sà los personajes que están hablando están vivos o están muertos, nos vamos dando cuenta gradualmente de ello y nadie nos va guiando de la mano de una manera tan dirigida.
Rulfo no nos define cómo se percibe el sonido, sino crea frases que incitan a la imaginación a recrear. Por ejemplo, dice: su voz era hebras humanas. ¿Qué podemos hacer frente a eso?, ¿tenemos alguna respuesta?, ninguna. La idea hay que inventarla, hay que creársela interiormente, el lector la puede crear o pasar de largo frente a ésta, pero en el caso de un creador musical no tiene escape.
Ese conjunto de ideas, de frases que aparecen en subgrupos dentro de un sonido me parecieron el reto más extraordinario que pueda tener un músico para encontrar las respuestas posibles.
Eso me obligó a usar la voz de una forma distinta, a crear sonidos que nunca habÃa imaginado, me obligó a encontrar mis entrañas, las entrañas de mi imaginación. Cómo hacer que esas visiones, esos sueños, esos fantasmas que aparecen en mi mente sean igualmente experimentados por el espectador.
Yo no me imaginarÃa hacer una ópera en la que un barÃtono, un tenor comenzará cantando: Vine a Comala a buscar a mi padre. Me parecerÃa la ridiculización de la novela o la ridiculización de la música.
Con la Bienal de Venecia esperando el estreno Murmullos del páramo para octubre próximo, el trabajo colectivo entre Estrada y, el también Director de Música de la UNAM, Sergio Vela, ha significado para ambos un aprendizaje intenso y la realización de un reto.
Sergio Vela: Si pudiera usar una palabra para sintetizar nuestro trabajo, dirÃa que estamos siendo libres. Estamos siendo libres para elegir nuestras propias ataduras. Celebro que ya estemos en la tercera puesta en escena de Murmullos del páramo.
Después de haber imaginado un primer bosquejo sobre Pedro Páramo y escribir El sonido en Rulfo (1990), amplio ensayo que intentaba interpretar la literatura del escritor, Julio Estrada logró un sueño, el reencuentro consigo mismo.
Julio Estrada: Murmullos… es una ópera en la que el autor está tan solitario como el espectador, los casi 20 años que han pasado entre comenzar a escribir el libro y presentar la ópera han sido un acto de enorme soledad.
Por lo tanto, también ha sido un acto de autobiografÃa muy fuerte, no solamente es el texto de Rulfo, sino también la vida y la muerte de quien ha creado la música.
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