Por: Antonio Riestra — 20 de octubre, 2015
El texto del dramaturgo alemán Michel de Ghelderode, Escorial realiza temporada en el Teatro Helénico del Centro Cultural Helénico con la magistralidad actoral de Patricio “El Pato†Castillo y Roberto Sosa.
La belleza, casi siempre, acaba y empieza en los escoriales del mundo. Sucede que lo natural es tan natural que, como dice el poeta jalisciense Ricardo Yáñez acerca de la naturalidad del oro, no lo percibimos.
¿Desde cuándo y hasta cuándo late pues aquello que, perdóneseme la rima, bello late? ¿En qué dimensiones no ajenas nos permiten descomponerlo, corromperlo y degradarlo?
Nada más triste aquÃ, luego, que lo natural, lo que, naturalmente, nos ha sido dado. Nada más triste que la luz de cada mañana, natural, concedida naturalmente: no la percibimos. Y de esa manera triste la alegrÃa, la tristeza alegre de Roberto Sosa, en su papel de bufón y rey: ¿no la percibimos?
Hablo de Escorial, de Michel de Ghelderode, traducción de César Jaime RodrÃguez, adaptación y dirección de Luly Rede, escenografÃa y vestuario de Edyta Rzewuska, música original y diseño sonoro de Omar González e iluminación de Jorge Ferro y VÃctor Colunga, que se presenta, todos los miércoles hasta el 25 de noviembre, en el Teatro Helénico.
Hablo sin querer de la belleza y la alegrÃa, de la tristeza y el poder. No, no hablo, quisiera, mas el recuerdo de Patricio “El Pato†Castillo como rey, como bufón, lo resuelve todo: alguna vez oà decir que las cosas que tenÃan sentido y otorgaban sentido, como la sonrisa de las chicas, asimismo otorgan poder, pero que el poder no tiene ningún sentido (cuánta razón la de Juan Matus, y cuánto tino al escribir tales aseveraciones el de Carlos Castaneda: el poder es uno de los enemigos del hombre).
La obra juega con dichas acepciones; los actores, y debemos añadir grandÃsimos, con la experiencia que tales acepciones van generando en ellos, porque de veras hacen sentir al público, o sea, sentimos –en ese intercambio de roles que Sosa y Castillo ejecutan– que todo rey puede sacarnos intensas carcajadas de júbilo; que todo bufón, puede ordenarnos, claro, entiéndase en el sentido de dar órdenes, y aquà cualquier parecido con la realidad no es ninguna mera coincidencia.
La realidad que el dramaturgo belga trastoca sin embargo, se ve completada con el elenco, que no hemos terminado de mencionar, pues Roberto RÃos “Raki†y Paula Comadurán cuadran perfectamente la suma, y suma cuatro; el resultado de la división, no obstante, dará un número non y entero. Ojalá que pueda explicarme: la realidad que el dramaturgo belga junto con este grupo de actores trastoca nos trastoca, lo mismo que todo aquello natural, como la belleza.
Las cosas que nos suscita Escorial alteran, naturalmente, lo cotidiano, lo vuelven nÃtido y bello: los personajes principales observan tal franqueza a través del amor, a través de la reina recién muerta (¿vÃctima?, ¿victimaria?) de quien están esquizofrénicamente enamorados. La magistralidad de Patricio “El Pato†Castillo y Roberto Sosa para interpretarlos hacen que demos fe de la belleza, lo natural y poderoso que, en otros tiempos y en otros espacios, fue el amor, que empero todavÃa sigue sacándonos –ni modo, debo decir que naturalmente– de los escoriales del mundo. Fotos: Jorge Vargas.
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