Por: Enrique R. Mirabal — 3 de abril, 2006
Pese a los reclamos de los melómanos, el panorama musical en México no es tan árido como lo pintan, el pentagrama cobra vida con cierta asiduidad y los estudios e investigaciones no cesan. Más aún, con buscar en las librerÃas de rigor y las oficiales, nos topamos con sorpresas varias. Pauta es, a todas luces o a todas notas, la perseverante por excelencia y quizás la más soslayada.
Descrita como cuadernos de teorÃa y crÃtica musical, Pauta aparece cada tres meses y su costo es infinitamente modesto. El formato y la encuadernación son tanto o más modestos, pero debido al número de páginas y la tipografÃa empleada es fácil de llevar y leer. Obviamente, está adscrita a la Dirección de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
Mario Lavista no es sólo nuestro compositor vivo de mayor prestigio internacional sino también el que por derecho propio puede ser considerado como uno de los pocos representantes de la vanguardia latinoamericana de la segunda mitad del pasado siglo cuya obra puede ocupar atriles (o equipo de sonido) al tú por tú con los Henze, Nono e altri.
Lavista no se ha conformado con escribir música, por lo que encabeza el directorio de Pauta, seguido por Luigi Amara y un consejo editorial que incluye a Federico Bañuelos, Daniel Catán Gerardo Deniz, Eduardo Lizalde, entre otros y presume a fundadores ya desparecidos como Rodolfo Halffter y Eduardo Mata.
Un buen ejemplo de esta publicación, es el número 92 que corresponde a octubre-diciembre 04. Entre los varios artÃculos y colaboraciones de la edición, destaca el rango de intereses con los que cada lector podrá identificarse: conjunciones no siempre felices entre literatura y música (los poetas o narradores no tienen por qué gozar de la más pura sensibilidad estética ante el papel pautado en la misma proporción en que no todos los músicos son buenos lectores o exegetas de textos literarios), notas curiosas y el rescate del canadiense Jean Le Moyne (1913- 1996) con algunos fragmentos de su Convergences (1961), para ser más precisos, el denominado Encuentros con grandes compositores.
Este periodista, investigador y también teólogo se acerca a la música como fenómeno observado desde el punto de vista de otras disciplinas, como los sicoanalistas han hecho con la plástica, la literatura y el cine.
El sentido extra-musical de una partitura puede acabar quitándole el gusto por no decir el encanto al más condescendiente de los escuchas pero Le Moyne echa mano de argumentos refutables no exentos de credibilidad y aporta lo suyo. De todas formas, se deja leer.
Otras interesantes investigaciones que se encuentran en Pauta, como Luces y sombras de la música española en México de Consuelo Carredano, tienen el interés de confirmar lo presumible aunque quizás le sobre, por subjetivo, cierto desdén con el fenómeno peninsular. A fin de cuentas, puede revisarse diacrónica y sincrónicamente lo ocurrido en el Nuevo Mundo y otras colonias de ultramar, sean francesas, inglesas u holandesas, para corroborar la ventaja que les llevamos.
¿Qué se extraña en Pauta? Más crÃtica, tan necesaria para nuestros creadores e intérpretes. Y un urgente acercamiento a lo que ocurre en el resto del mundo, HOY. Equidad cognoscitiva, parafraseando uno de los acápites de este número.
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