
Por: Enrique R. Mirabal — 1 de septiembre, 2009
Boris Godunov en el Teatro Metropolitan
En Cataluña, siempre se ha hecho buen teatro, considerablemente mucho mejor que en el resto de España, más aventurado o vanguardista (para complacer a quienes esto de la avant -garde les suene a sinónimo de calidad) y con una notable proyección internacional.
Codo a codo con Els Joglars, Els Comediants, Tricicle y La cubana, los de La Fura dels Baus, con ese nombre que se presta a conjeturas y adivinaciones y se traduce simplemente como “el hurón que habita en un lugar llamado Els Bausâ€, parecen haber tomado la delantera a sus correligionarios y haberse convertido en una especie de Cirque du Soleil a la catalana en lo que a número de montajes y giras internacionales se refiere. Les falta tomar por asalto a Las Vegas.
El modus operandi de La Fura parte de la muy indispensable actualización tanto tecnológica como mediática. Registran los acontecimientos y las modas, las tendencias que marcan pautas y lo asimilan en sus multidisciplinarios proyectos en los que muchas veces el sustento dramático parte de los clásicos: Goethe, Shakespeare, Pushkin…
La cibernética, la violencia cotidiana, las luchas por el poder polÃtico y el terrorismo se integran en la sala de espectáculos en turno, en este caso el Teatro Metropólitan de la capital mexicana –23, 24 y 25 de septiembre por OCESA presenta–, para reproducir los hechos acontecidos en 2002 en el Teatro Dubrovka de Moscú.
Los noticieros televisivos de entonces convirtieron la tragedia en un redituable evento con máximo suspense que siguieron con interés millones de espectadores en todo el mundo.
Al interior de la sala, los asistentes atrapados y convertidos en rehenes por los terroristas chechenos, dramatizaron, involuntariamente y sin previo contrato, un reality show en el que la muerte les robó protagonismo.
Boris Godunov, el drama de Alexander Pushkin que sirve de contrapunto estilÃstico en este espectáculo de La Fura, es una obra del siglo XIX que inspiró además al compositor ruso Mussorgski para crear una ópera de altos vuelos que ponÃa de relieve la lucha por el poder en medio de intrigas palaciegas entre zares, boyardos y herederos desplazados.
El designio imperial zarista contra el que supuestamente lucharon los bolcheviques pero que transformaron en otro tipo de imperialismo con tintes rojos ha resurgido en la Rusia post-soviética revestido de nacionalismo a ultranza. Putin, al igual que su antecesor Yeltsin, retomó el mito de la Gran Rusia y no ha dudado en atacar a las ex-repúblicas soviéticas con el propósito de sojuzgarlas y exprimirles sus recursos vitales.
Los terroristas chechenos, en un turbio juego polÃtico, mostraron la vulnerabilidad del régimen ruso y la disposición a no ceder ni un ápice de poder, con la cruenta toma del teatro moscovita y, como siempre, pagaron justos por pecadores.
No sabemos qué tan polÃtico sea el espectáculo de La Fura dels Baus, suponemos que es sólo un pretexto para desplegar pirotecnia y jugar con varios recursos dramáticos que, a la segura, noquearán al espectador, aprovechando la histeria colectiva en función de un resultado catártico.
La acción multifocal, la hiperquinesia inevitable, la deconstrucción del concepto escénico y el teatro dentro del teatro con los espectadores en un lunetario animado como telón de fondo de la trama, prometen la acción que el público espera y demanda a los catalanes.
Metralletas, pantalones cargo, adrenalina al máximo, sudorosas camisetas a lo Lara Croft/ Indiana Jones y agudos golpeteos de metralleta harán sentirse a los jóvenes espectadores en medio de la acción, en una IMAX en tercera dimensión real y sin culpÃgeno pudor. El teatro contemporáneo (y antes el clásico) ha roto la cuarta pared desde hace mucho tiempo. Para algunos, será el gran descubrimiento.
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Os recomiendo a todos desde España ver este espectáculo. Yo lo he visto y es una forma impresionante de vivir el Teatro.