Miguel Bernal Jiménez llenó su vida de música…

Por: Luciana Martínez Suárez — 24 de febrero, 2010

Miguel Bernal Jiménez, homenaje de Conaculta y el Instituto Nacional de Bellas Artes en memoria del centenario del nacimiento de este ilustre compositor moreliano, febrero 2010 “Miguel Bernal Jiménez es un personaje muy importante, músico de primer orden en la época nacionalista, pero no ha tenido un lugar muy definido en la historia official”, Lorena Díaz Núñez.

El espíritu de Miguel Bernal Jiménez Miguel Bernal Jiménez, estuvó presente en el homenaje que Conaculta y el Instituto Nacional de Bellas Artes rindieron en memoria del centenario del nacimiento de este ilustre compositor moreliano. Con una mesa redonda que se llevó a cabo el pasado miércoles 17 de febrero en el Aula Magna José Vasconcelos del Centro Nacional de las Artes, Conaculta y el Instituto Nacional de Bellas Artes organizaron un sensible reconocimiento en el que participaron Miguel Bernal Macouzet, Lorena Díaz Núñez, Javier Álvarez, Enrique Barrios, Luis Jaime Cortez y Eugenio Delgado Parra, quienes expusieron un amplio análisis y reflexiones sobre la vida y obra de Miguel Bernal Jiménez.

Entre otras anécdotas que fueron remoradas, destaca su religiosidad y su devoción por México, filiaciones para las cuales “siempre escribió con inteligencia y esmero, para generar un corpus rico y paradógico, con temas a la vez laicos y sacros”.

En esta reunión los especialistas abordaron, con un profundo conocimiento, diferentes aspectos sobre la vida y obra de esta figura imprescindible del nacionalismo musical mexicano nacido en Morelia, Michoacán, el 16 de febrero de 1910 y fallecido en León, Guanajuato, el 26 de julio de 1956.

Luis Jaime Cortez y Javier Álvarez en el homenaje que Conaculta y el Instituto Nacional de Bellas Artes rindieron en memoria del centenario del nacimiento de Miguel Bernal Jiménez, febrero 2010 La historia comenzó hace 100 años. Cuando nació en 1910 el bebé de la familia Bernal, su vida entera se revolucionó, al igual que el México de aquel entonces. A José Ignacio Miguel Julián lo bautizaron ese mismo día y fue aquella su primera visita a una iglesia.

La exhortación continuo con el personaje de doña Praxeditas, la abuela materna de Miguel, quien – como se dijo– guió sus actividades espirituales, incluida la primera comunión temprana y el ingreso al colegio de infantes de la Catedral de Morelia, donde una delicada sensibilidad y su voz privilegiada lo distinguieron como un miembro especial.

Agregaron que el autor de la ópera Tata Vasco, recientemente llevada a escena por la Compañía Nacional de Ópera del INBA, desde pequeño inició sus estudios musicales bajo las instrucciones de Felipe Aguilera Ruiz, Ezequiel Iriarte e Ignacio Mier Arriaga, entre otros, y más adelante recibió la licencia gregoriana, lo que le permitió entrar a la Pontificia Scuola Superior di Musica Sacra di Roma, donde obtuvo la Licenza in Canto Gregoriano.

Lourdes Ambriz acompañada al piano por Joel Almazán presentes en el homenaje que Conaculta y el Instituto Nacional de Bellas Artes rinderon en memoria del centenario del nacimiento de Miguel Bernal Jiménez, febrero 2010 Los ponentes resaltaron el importante quehacer del también musicólogo y maestro, quien dedicó parte de su actividad a la investigación y rescate del pasado musical de su natal Morelia, tarea que lo llevó a descubrir y difundir el Archivo Musical del Colegio de Santa Rosa, del que publicó la monografía El archivo musical del Colegio de Santa Rosa de Santa María de Valladolid.

A la vez se abordó sobre su importante trayectoria como compositor, organista, director de coros y orquestas, mencionando momentos tan transcedentales como cuando en 1946 viajó a Madrid, España, para dirigir su Sinfonía México y un año más tarde presentó su ópera Tata Vasco en el Teatro Real de Madrid. También se comentó como durante la década de los cincuenta llenó su vida de música cuando fungió como director huésped de las principales orquestas mexicanas.

Además se subrayó los varios premios y reconocimientos recibidos a lo largo de su carrera, mencionando el Diploma de Honor otorgado por la Federación Teatral Mexicana por su ópera Tata Vasco y el Premio Nacional del Instituto de Ciencias y Artes Cinematográficas por la banda sonora de la película La virgen que forjó una patria.

Juan Manuel Lara y Lorena Díaz presentes en el homenaje que Conaculta y el Instituto Nacional de Bellas Artes rindiron en memoria del centenario del nacimiento de Miguel Bernal Jiménez, febrero 2010 “Por haber sido un músico católico estuvo marginado de la historia oficial de la música, sin embargo, Bernal Jiménez compartió muchas cosas con otros compositores de su época, porque una de sus vertientes fue justamente la del nacionalismo, en sus composiciones manejó dos lenguajes musicales, el laico y el sacro”, Lorena Díaz Núñez, investigadora del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez del INBA.

En este evento se efectuó un breve recital donde se escucharon cinco canciones de la autoría del compositor a cargo de la soprano Lourdes Ambriz acompañada al piano por Joel Almazán, interpretación que dio cuenta del profundo conocimiento del arte vocal que concibió Miguel Bernal Jiménez.

Además de este homenaje llevado a cabo en el CENART, el pasado 16 de febrero en la ciudad de Morelia se celebró una ceremonia donde el subdirector general de Bellas Artes del INBA, Sergio Ramírez Cárdenas, con la representación del Gobierno Federal, atestiguó la develación de una placa conmemorativa en la casa donde nació Bernal Jiménez.

Esta celebración incluyó un concierto-homenaje en el Conservatorio de las Rosas de Morelia, en el que participaron los Niños Cantores de Morelia y la Orquesta de Cámara de la institución. A este acto asistieron familiares del homenajeado como la señora María Cristina Macouzet y sus hijos Francisco y Miguel Bernal Macouzet.

“La obra del maestro figuró de un modo contundente en los nacionalismos musicales de nuestro país, gracias a su magnífica formación académica, a su talento y creatividad. Siempre escribió con inteligencia y esmero, para generar un corpus rico y paradógico, con temas a la vez laicos y sacros”

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